Cuando terminas un guión


La soledad. El frío. Cuando terminas un guión te sientes vacía. Vaciada. Varios meses de trabajo intenso reducidos a un puñado de folios. Palabras inertes que esperan a ser leidas. A ser recitadas. Olores que nadie declamará con pasión. Sonidos que a nadie quitarán el sueño. Distopías en venta como mugrientos cassettes en gasolineras. ¿Todavía existen los cassettes? ¿Hay aún gasolineras? Como distopiás en venta en electrolineras en formato avi, o mp4. O conectadas por bluetooth.

Cuando estuve en Africa me costaba hacer retratos. Temía la gente que les robara el alma. Cuando paseo por Barcelona me cuesta robar almas. Teme la gente que les robe las fotos.

Oh, folios que reposáis sobre la mesa, sabedores de que el olvido acecha. Que pensáis para vuestros adentros que el personaje A nunca debió juntarse con B, para que no pasara lo que acabo sucediendo.

Oh, folios que acabaréis en el inbox de teatrales productores de teatro. Enviados por email. Recibidos como spam. O poliespán. O poliéster.

Anochece.

Si no hubiera que pagar el alquiler.

Maria Lluch Senar




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